
26 años. Madrid. Ocho meses trabajando en hostelería.
Lo que comenzó como un trabajo estable acabó convirtiéndose, según denuncia esta joven trabajadora, en una experiencia marcada por jornadas superiores a las reflejadas en contrato, una baja médica y un despido disciplinario justo después de reincorporarse.
Su historia ha generado decenas de reacciones en redes sociales, donde muchos usuarios aseguran haber vivido situaciones similares dentro del sector hostelero en España.
Aunque oficialmente figuraba como ayudante de camarera con jornada parcial, explica que la realidad diaria era muy distinta.
“Al ser un stand pequeño, hacía prácticamente de todo: abría el local sola, gestionaba la barra y preparaba cafés. Tenía mucha responsabilidad sobre el puesto.”
Según relata, su contrato reflejaba 6 horas diarias, pero trabajaba jornadas completas de 8 horas.
“Es algo que, por desgracia, está muy normalizado en parte de la hostelería.”
Tras ocho meses trabajando en la empresa, tuvo que coger una baja médica de dos semanas por un problema físico que le impedía desempeñar sus funciones con normalidad.
Durante ese periodo, asegura que el contacto con la empresa fue mínimo y limitado únicamente a la entrega de los partes médicos obligatorios.
Cuando recibió el alta, volvió a su puesto con total normalidad.
“El martes me reincorporé y los propios clientes habituales se alegraban muchísimo de verme otra vez trabajando.”
Sin embargo, la situación cambiaría pocos días después.
La trabajadora explica que continuó trabajando con normalidad hasta el viernes. Ese mismo día, al terminar su jornada, recibió la carta de despido.
“Vinieron al local para entregarme el finiquito y una carta de despido disciplinario.”
Según afirma, verbalmente le dieron motivos económicos y administrativos, alegando que la empresa no podía sostener su salario. Sin embargo, en la carta oficial aparecía un despido disciplinario por supuesto bajo rendimiento.
“La contradicción fue absoluta. Mientras me decían una cosa en persona, en el papel ponían otra completamente diferente.”
Además, sostiene que mientras ella estaba de baja la empresa contrató nuevo personal.
Para esta joven, la baja médica fue el detonante real del despido.
“Si mi rendimiento hubiera sido malo, no habrían esperado a que me pusiera enferma para echarme.”
Reconoce que la experiencia le dejó una sensación de impotencia y desamparo.
“Sientes que da igual tu esfuerzo o las horas de más que hayas echado. En el momento en que tu salud falla, pasas a ser un número prescindible.”
Aunque asegura que no le compensa económicamente iniciar un proceso judicial largo por el despido debido al tiempo que llevaba en la empresa, sí está valorando denunciar el caso ante Inspección de Trabajo por el desfase entre las horas contratadas y las realmente trabajadas.
“Las ilegalidades no deberían salir gratis.”
Tras compartir su historia en redes sociales, asegura haber recibido numerosos mensajes de personas que afirman haber vivido experiencias similares.
“Parece que en muchos sitios se ha normalizado que ponerse enfermo sea un problema para la empresa.”
Aun así, defiende que la hostelería puede ser un sector “precioso y necesario”, pero cree que todavía existe una cultura empresarial obsoleta en muchos negocios.
“Los trabajadores somos personas, no máquinas. Si quieren profesionales de calidad, tienen que respetar las condiciones laborales y cuidar la salud de sus empleados.”
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